El delantero de Patrón jugará el próximo viernes su primer encuentro en Primera División, luego de una carrera con buenos y malos momentos: «La clave fue nunca bajar los brazos», resaltó el oriundo de Garín, que salió campeón en Uruguay mientras iba a entrenar en bicicleta. 

Por: Gabriel Obelar (@GabyObelar1)

El próximo viernes, posiblemente Germán Rivero tenga un sinfín de sensaciones dentro suyo, no solo porque a sus 28 años debutará en Primera División, sino también por los recuerdos que se le puedan llegar a cruzar en la cabeza.

El nacido en Garín, provincia de Buenos Aires, debió luchar mucho para cumplir varios sueños en su vida. Soñó con vivir del fútbol y lo consiguió. Pensó en salir campeón y lo hizo de gran manera en Uruguay, con Plaza Colonia dando la vuelta olímpica en la cancha de Peñarol.

«Uno siempre quiso de chico jugar en Primera. Esta es una linda oportunidad, la quiero aprovechar al máximo pero también disfrutarla», le confesó el propio Rivero a MIRADOR ENTRE RÍOS.

En la misma idea, sostuvo: «Desde que arranque en las inferiores de Argentinos Juniors y después en Tigre, quería jugar en Primera. En Argentinos era difícil porque era muy chico, pero en Tigre deseaba esa oportunidad, jugaba en Reserva, pero no se dio en ese momento. Tardó en llegar la oportunidad, pero estoy feliz de que se dé en este presente».

Al repasar su historia, el delantero Santo contó: «Estuve parado 10 meses y decidí trabajar con mi papá como pintor y albañil. Siempre tuve el pensamiento de que se había terminado el fútbol, pero uno siempre trató de pensar en el esfuerzo de la familia y lo que hacen por uno. En ese sentido decidí no bajar los brazos nunca, hasta que llegó la chance de Plaza Colonia».

Fue en Colonia, en Uruguay, donde vivió una particular situación siendo campeón con el ‘Leicester uruguayo’, como se lo conoció a Plaza, donde Germán yendo a entrenar en bicicleta para dar la vuelta en el ‘Campeón del Siglo’: «Era medio raro ir a entrenar en bicicleta. De chico uno siempre se acostumbra a la bicicleta, pero en Colonia estaba bueno, porque era común y más fácil moverse».

«Siempre lo tomé de buena manera. Las cosas hay que pelearlas, no todo llega servido y hay que trabajar para tener lo propio. Paso a paso se van dando las cosas y nunca me desesperé», agregó.

Y subrayó: «Cuando iba a entrenar en bicicleta a Plaza Colonia tenía a mi hijo chiquito y pensaba en el momento. Trabajé e hice las cosas bien para tener un futuro y poder vivir de lo que quería, de este hermoso deporte».

Luego de ser feliz en el vecino país, el Tanque debió volver a empezar, estuvo un tiempo parado, hasta que sonrío en Unión La Calera donde también fue campeón. Al siguiente año, en Defensor Sporting festejó muchos gritos, que le permitió dar el salto a Grecia, con un paso trunco para iniciar, una vez más, en esta oportunidad, en Alvarado, hasta llegar a Patrón: «La clave fue nunca bajar los brazos».

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¿Qué sigue? «Ahora me gustaría dejar un nombre en Patronato, un visto bueno. Uno siempre quiere salir campeón o luchar por algo muy importante para el club donde está. Me toca estar por primera vez en Primera y quiero apuntar a lo más alto sin perder la cabeza donde uno está».

NOTA COMPLETA

Ver: Germán Rivero, el goleador que persigue sus sueños

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